Parroquia de San Agustín de las Cuevas

Tlalpan

Historia

El templo parroquial de San Agustín de las Cuevas, en Tlalpan, fue fundado en el siglo XVI por los frailes Dieguinos (una rama reformada de los franciscanos). A partir de esa época se inició la construcción del conjunto arquitectónico. En el siglo XVII y parte del XVIII ––la época de mayor esplendor de Tlalpan–– estuvieron al frente de la comunidad los dominicos.

Por su belleza, clima y ubicación Tlalpan fue, desde la época virreinal hasta el porfiriato, un importante sitio de vacación y tránsito al sur de Ciudad de México. Fue residencia y lugar de encuentro. Esto explica, en parte, la grandiosidad del templo y sus anexos. La iglesia parroquial consta de tres naves y cuatro capillas. Existen, además una enorme sacristía y un claustro.

El Templo

Un gran espacio dividido en tres naves. Las bóvedas y la cúpula están sostenidas por pilastras y arcos de medio punto.

La impresión que produce el templo (además de sus notables proporciones) es de una extrema sobriedad. Esta sobriedad es resultado de vaivenes históricos, siniestros y cambios drásticos en los criterios artísticos–litúrgicos.

Respecto a siniestros hay que mencionar el gran incendio que en 1898 consumió el retablo barroco y el altar mayor.

En cuanto a cambios “artísticos–litúrgicos”, hacia los años sesenta del siglo XX se quitó el ciprés o altar neo clásico (que sustituyó el altar barroco), también, fueron retirados otros retablos (o “altares”) que se encontraban en las naves laterales.

En el muro frontal un magnífico retablo dedicado a la titular de la capilla. A los lados de la Santísima Virgen, sus padres Señor San Joaquín y Señora Santa Ana. Abajo, en medallones circulares los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. Completan el conjunto diversas esculturas y relieves de Santos Dominicos y Arcángeles.

Esta capilla nos permite imaginar el lujo y belleza con que se expresó la fe de nuestra parroquia.

Pintura y escultura en las naves laterales.

Bajo los arcos de coro podemos admirar tres obras del siglo XVIII. Veamos. 

El Cancel

Haciendo juego con la puerta principal (hoy cubierta por el frente debido a su gran deterioro) encontramos el Cancel. Obra barroca de carpintería tiene como función proteger el interior del templo de agentes como el viento y el ruido. Preserva el recomiento y puede, también, con facilidad abrirse para permitir el paso de gran número de fieles.

Al ingresar por el lado del bautisterio una excelente representación del Divino Preso, comúnmente llamado “El Señor de la Cañita”, escultura en madera probablemente del siglo XVIII.

Siempre bajo el coro, al lado opuesto del bautisterio un gran lienzo al óleo representa “el descendimiento”. Cerca de esta pintura encontramos a Cristo yacente. Este tipo de imágenes son llamadas “Santo Entierro”. Es notable la Urna que contiene la imagen. Se trata de una notable vitrina de marco tallado en estilo barroco.

En las ménsulas de piedra colocadas en los muros de las naves procesionales encontramos esculturas en madera estofada. Representan a San Felipe de Jesús, San Francisco de Asís, a San José y al niño Jesús, San Cayetano, Santo Domingo, Santo Tomás de Aquinpo y San Gregorio Magno.

Encontramos dos pinturas “Tobias y el Arcangel Rafael” y “San Pedro Nolasco recibiendo el hábito de manos de la Virgen de la Merced”. Excelentes muestras del arte durante los siglos XVII y XVIII.

Se colocó en el presbiterio un gran bloque de mármol de Santo Tomás; es el altar. En el mismo material se hizo un ambón para proclamar la Palabra. Las paredes se blanquearon y aplanaron.

Se adosaron en las paredes de las naves seis confesionarios. Sobre cada uno de ellos pinturas y esculturas antiguas representan a diversos santos.
En 2005 se levantó un retablo moderno. Sobre una base de caoba un tríptico dorado enmarca un óleo antiguo de Nuestro Señor Jesucristo crucificado. En los paneles laterales doce pequeñas, simbólicas cruces.

Las Capillas

En el lado norte del templo encontramos dos capillas. Son el bautisterio y la Capilla de los Santos. En el lado oriente la de Nuestra Señora de Guadalupe y la de Nuestra Señora del Rosario.

El Bautisterio

Situado, como era costumbre, cerca de la puerta del templo (ya que el bautisterio es el sacramento que nos incorpora, nos introduce en la vida cristiana).

Encontramos la gran pila de piedra gris que contenía el agua bautismal y otra pequeña en mármol claro en la que se daba propiamente el primero de los Sacramentos.

Actualmente se encuentra en ese mismo espacio dos pilastras barrocas de un retablo, una pintura al óleo representando a San Juan Bautista, una escultura en madera del siglo XIX representando a la Virgen de los Dolores.

En el muro principal una imagen en yeso del siglo XX, representando a Jesucristo en la Cruz.

Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe

La decoración de este lugar fue a tal grado simplificado que no queda, en cuanto a valor artístico, más que la excelente pintura de Nuestra Señora. La obra, aunque ennegrecida y recortada parece ser del siglo XVIII.

Capilla de Nuestra Señora del Rosario

Fue característico en los templos dominicos dedicar un importante espacio a la Santísima Virgen del Rosario.

En nuestra parroquia se diría que se anexó un templo a otro. Vemos que esta capilla cuenta con una sencilla portada que enmarca una gran puerta de tableros.

La planta de esta capilla es de “cruz latina” y en su crucero se levanta graciosa cúpula.

En el brazo izquierdo una muy digna pintura (mediados del siglo XX), probablemente en acrílico representa a la Santísima Trinidad.

En el brazo derecho de la capilla se colocó a principios del siglo XX un excelente conjunto, “La Piedad”. En la base de dicha imagen se hace constar que la pieza fue realizada por la Casa Raff en París y que fue donada a esta parroquia de Tlalpan (para que permanezca siempre en ella) por la señora García Conde.

La otra serie, también pintada al óleo, está compuesta por cuatro cartelas. Cada una de ellas contiene reflexiones destinadas al sacerdote que celebra la misa para que verdaderamente viva el ministerio que celebra. El cristo crucificado es una excelente escultura en madera que posiblemente es del siglo XVII.

Finalmente, llama nuestra atención un lavamanos barroco. Con marco de argamasa, tazón de piedra y una verdadera muestra de cerámica y porcelana de otros tiempos, esta pieza conjunta utilidad y belleza.

El Claustro.

La palabra claustro designa un lugar cerrado, protegido. Se trata de un patio cuadrado bordeado por una serie de arcos y corredores.

En torno al claustro se organizaba la vida cotidiana de una comunidad religiosa.

Las dependencias y habitaciones que formaron originalmente este espacio han sido alteradas en diversas épocas. Se conserva la arquería, los techos, en la azotea dos relojes de sol (son del primer cuarto del siglo XVIII) y la fuente.

Podemos percibir, también en el claustro, ese deseo de reflejar con el arte y la ciencia humanos, la perfección y bondad de Dios, patentes en toda su creación. Prueba de lo anterior es la reunión armoniosa, en un mismo lugar, de tan diversos elementos como la luz, el agua, la piedra, los vegetales. Todo para deleite nuestro y alabanza a Dios.

La Sacristía

Sacristía es aquel espacio en el que se guardan los objetos utilizados en el culto. Objetos “Sacros”. De aquí el nombre. En nuestra parroquia hay un espacio llamado “ante Sacristía” que sirve para comunicarse con el templo, con el claustro, con la escalera principal y con la Sacristía. La Sacristía de la Parroquia de San Agustín ocupa un gran espacio. Los muros son macizos y están construidos con piedra y adobe. Los vanos de puertas, ventanas y alacenas están rematados por conchas (o veneras) que, con el juego de luces dan alegría y ligereza al conjunto. Las vigas del techo están apoyadas en ondulantes zapatas barrocas. Algunas de estas vigas conservan restos de policromía. Además de la mesa y las cajoneras en la Sacristía podemos admirar notables pinturas al óleo. La pintura principal representa “La Sagrada Familia, San Joaquín, Santa Ana con Dios Padre y el Espíritu Santo”, la obra es barroca y nos presenta una escena doméstica que tiene lugar entre suntuosos cortinajes y tapetes barrocos. Los cortinajes se abren para que el observador contemple la comunicación amorosa entre Dios y la familia de su Hijo Único. Hay otras dos series de pinturas. La primera serie, en las esquinas representa vida y martirio a San Juan Nepomuceno, sacerdote, mártir del secreto de la confesión. Se deben al pincel de José de Alcíbar, pintor novohispano.

La Capilla de los Santos

El espacio decorado al gusto del primer cuarto del siglo XX fue dedicado primero al culto del Sagrado Corazón de Jesús. En los años sesenta, coincidiendo con otras modificaciones se colocó aquí un excelente retablo barroco, aunque desprovisto de todas sus pinturas. El retablo fue donado a la parroquia en ese tiempo. Encontramos en esta capilla diversas imágenes de la Santísima Virgen y los Santos. Destaca “San Antonio de Padua” magnifica talla en madera del siglo XVIII.
Tlalpan, a 28 de octubre de 2005.
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